Todas las nociones de amor que nos enseñaron perpetúan las opresiones de las mujeres

Apuntes sobre heterosexualidad obligatoria

(Segunda parte)

 

Por Laura Arauz

ilustración de Hülya Özdemir

 

No hay nadie que

te alimente el anhelo.

Acéptalo. Tendrás que

hacerlo, hacerlo tú misma.

Y a tu alrededor un vasto terreno.

Sola. Con la noche.

Tendrás que hacerte amiga de lo oscuro

si quieres dormir por las noches.

Gloria Anzaldúa

 

Durante un tiempo despertaba casi a diario a las tres o cuatro de la madrugada, era la hora en que los sueños me sobresaltaban, en que llegaba la ansiedad, en que mi percepción de la realidad podía llegar a desestabilizarme, en que perdía la certeza, en que llegaba la incertidumbre, cuando las preguntas saturaban mis pensamientos. Dice Gloria Anzaldúa que el espejo no solo reproduce imágenes… el espejo posee otra cualidad y es el acto de ver. Ver y ser visto. Los sueños forman parte de mi espejo, en ellos me he mirado en la incertidumbre y en la búsqueda constante, ni en sueños hay tranquilidad. Acechada por su llegada me obligan a mirarme, a lanzar preguntas de las que debo encontrar respuestas en la vigilia, en la lentitud de las horas… de los días. Preguntas que con el flujo del tiempo encuentran respuestas.

Pienso en mi sobrevivencia, soy una habitante de ruinas e intento creer que vivir aún es posible. Es eso o saltar por el borde abandonándolo todo, repetir ciclos de oscuridad y fugarse a otro estado de la materia. Creer en esa posibilidad es parte de la lucha diaria. Permanecer en el Estado de Coatlicue[1] requiere de grandes dosis de energía: los sueños, el insomnio, las preguntas, las búsquedas, el choque con la realidad, los torberllinos que emergen en la ansiedad. ¿De dónde provienen esas imágenes que surcan mis pensamientos? Aún hay resquicios por donde se filtra la cultura, grietas/cicatrices visibles que resuenan perturbando el silencio aprendido por el agotamiento, por el no tener nada más qué decir ni qué hacer, simplemente dejar fluir.

Me he visto sobresaltada por nimiedades, esas preguntas con las que casi nadie se bombardea. Soy mi propia terrorista y curandera. No sé de nadie que busque reconciliarse con sus sueños, no conozco a quien haya perdido el rumbo y en la autodestrucción como única salida de emergencia se pregunte ¿cómo construirse desde el amor? Llevo ya ocho meses en bioterapia, ha sido un tránsito entre ese momento en que invadida por demonios voy disciplinando mis miedos   mi ira    mi poder   mis pensamientos. Me voy haciendo de herramientas para sobrevivir que utilizo en casos de emergencia, aún me auxilio de ellas casi todo el tiempo y cada vez es más fácil identificar qué provoca mis crisis y cómo domesticarlas. Cuando todo enmudece, cuando la gravedad de los hechos rebasa con mucho nuestro entendimiento e incluso nuestra imaginación, entonces está ahí, dispuesto, abierto, tartamudo, herido, balbuceante, el lenguaje del dolor.[2]

Cuando una teme ve las cosas de forma distinta. El miedo me aleja de mí, en su egoísmo me reduce a ocuparme sólo de él, no es sino el mitote creado por la cultura por el que me olvido de otras tantas cosas por crear por disfrutar. Cuando tengo miedo soy aprehensiva, cuando tengo miedo no fluyo, cuando tengo miedo hay palabras que no salen de mis entrañas, cuando tengo miedo sueño lo que no quiero soñar, cuando tengo miedo duermo poco, muy poco, cuando tengo miedo hay llanto, cuando tengo miedo no encuentro claridad, cuando tengo miedo no puedo detenerme, cuando tengo miedo sé que el miedo no debe estar ahí, cuando tengo miedo una fuerza interior me obliga a crecer, cuando tengo miedo necesito convertirme en algo más de lo que soy, cuando tengo miedo es difícil percibir si el estado de Coatlicue puede ser una estación de paso o puede ser una forma de vida.

Se enmudecen mis ojos al saber

que la vida no se entrega. Mi pecado no es la rebeldía ni el enajenamiento.

Es que no amé mucho, que anduve indecisa y a la prisa,

que tuve poca fe y no fui dispuesta de querer ser lo que soy. Traicioné

a mi camino.

 

Gloria Anzaldúa

 

Romper con el mundo cotidiano, encontrar el propio sitio, encontrarle el sentido a todo eso, hacer un cruce. Dejar de ser la misma de antes. Moverse de sitio. Ser otra. Expandirse un poquito. Dejar de permanecer. Dejar que la herida causada por la serpiente la cure la serpiente. Quitarse de encima  la cultura  la errónea idea de amor que nos enreda las entrañas. El amor se gesta en imposibilidad, nos hace temer que no encontraremos a nadie, que no nos encontraremos a nosotras mismas, que nos perderemos, que no encontraremos el camino de vuelta.

Las mierditas posmo se filtraron “sutilmente” en la academia. Mi lengua se enredó con términos como amor libre  relaciones libres  poliamor. Fui fácilmente devorada por sus fauces, sólo se trataba de entrar y juguetear. No requería de mí ningún cambio de pensamiento o de prácticas, no implicaba cuestionamientos radicales. Quienes conocemos el proceso de parir ideas en masa en la academía sabemos que nada hay de arbitrario. Acceder a un diplomado sobre género y equidad y estudiar a Lacan a Freud a Foucault a Lamas a Lagarde a la teoría Queer al feminismo blanquito al movimiento LGTB+  y notar sus efectos duraderos que erigen una sola lectura del mundo, la lectura sobre una cultura disciplinadora y una moral represoras e inhibidoras de la sexualidad y escuchar el llamado a la liberación sexual, es decir, a coger específicamente con hombres, ya sean cuerpos de mujeres con cuerpos de hombres o cuerpos de hombres con cuerpos de hombres. El lesbianismo despolitizado, reducido a coger entre mujeres, remanencias de voyeurismo masculino.

Estos términos posmo atravesaron los deseos y las prácticas suponiendo que el punto nodal se encontraba en la liberación sexual que es patriarcal y es acrítica con la heterosexualidad obligatoria. La lengua posmo llama    atrae   porque las mujeres fuimos negadas históricamente a explorar nuestras cuerpas a gozarlas con placer y sin culpa. El enredo consiste en creer que desde la liberación sexual las mujeres se relacionan libremente con quien quieran, que sólo con el otro “descubrirán” sus cuerpas, su placer, que el contacto con el otro les devolverá lo negado, que cogiendo serán libres.

Hay que caer de bruces contra el espejo  quedarse en fragmentos    extraviarnos    correr el riesgo    para aprender que desde la liberación sexual las mujeres siguen ofreciendo servicios sexuales gratuitamente, que las mujeres son cooptadas por un régimen en el que nunca dejaron de ser carnadas    usables    consumibles desechables. Me tomó mucho tiempo, no salí ilesa, tuve que desgarrarme al saber que los afectos bajo el régimen heterosexual obligatorio no existen,    que son simples sentimientos   constructos   esporádicos   volátiles    efímeros. Que las lenguas sofistican su lenguaje    que lo posmo es tan parecido a cuando nos besábamos   toqueteábamos o cogíamos cuando teníamos menos de veinte, que la palabra se desvanece tan pronto sale de nuestros labios.

Tomé su cultura    la desgarré   dejé de tragarla para seguir viviendo, dejé de temer    encontré otro camino hacia la expansión de la consciencia. Todas las nociones de amor que me entregaron son inservibles    están retorcidas     son convenientes para perpetuar las opresiones de las mujeres.

Necesitamos crear estrategias para fugarnos del vacuo constructo del amor bajo el que fuimos domesticadas. Ese amor romántico y ese amor libre que no nacen de nuestro interior, que practicamos y fingimos sentir de manera obligada sin antes conectarlo con nosotras mismas.

El amor es acción, no es un sentimiento, no es un sustantivo, el amor no está dado, se cuestiona, se desaprende, nos confronta, se construye nos construye. Mientras no reconozcamos su politicidad   ni su economía capitalista neoliberal    ni su espiritualidad    ni su régimen heterosexual obligatorio seguirá nutriendo a la supuesta liberación sexual que es demasiado conveniente para los hombres, porque las mujeres comenzaron a relacionarse sin problemas con ellos que desde siempre han querido sexo y sólo eso. Estos no cambiaron en nada sus prácticas, sólo se sofisticaron, son beneficiarios, simulan estar interesados y fingen cuestionarse sólo si está en peligro su acceso al cuerpo de las mujeres y su estancia en las instituciones. Los hombres han afinado sus discursos y sus formas de acercarse a las mujeres para alargar relaciones donde jamás cederán nada. Para ellos siempre se trata de relaciones de poder y se saben ganadores a priori. Pueden nombrarse como humanistas, anarquistas, socialistas, marxistas, bla bla bla bla bla pero jamás abandonarán el poder que les otorga un sistema que oprime a las mujeres, de hecho lo reconocen y asumen discursivamente papeles victimizantes sobre cómo sufren al lastimarte, al no saber cómo despojarse de sus formas de ser violentos y agresivos, de sus formas de relacionarse con las mujeres que interiorizaron, todo para alargar relaciones en las que son queridos y cuidados y que saben muy bien que abandonarán en cualquier momento y por cualquier motivo incluso culpándote sobre como nunca pudiste confiar en ellos, sobre como siempre tenías una actitud defensiva, sobre como dejaron de buscarte, de escribirte o de interesarse en ti porque no sabían cómo relacionarse contigo porque todo te causaba escozor, porque todo te hería, porque todo estaba mal. Relaciones tóxicas y viciadas, sin consciencia que absorben nuestras energías, consumen nuestro tiempo, nos pueden llevar al extremo de las crisis emocionales, la ansiedad, la tristeza, la depresión, la culpa. Relaciones que se alargan y se tornan repetitivas porque nos enseñaron que si somos inadecuadas sentiremos culpa.

Interiorizamos ese desprecio y rabia, acaso ¿No teníamos que ser nosotras las que los cuidáramos de ellos? ¿No nos enseñaron que debíamos aceptar todas sus condiciones aunque nos causaran dolor y nos lastimaran? ¿No teníamos que soportar el peso de los silencios, de los engaños, de sus deseos? Es necesario que dejemos de creer que para sobrevivir sólo nos queda adaptarnos permanecer inmóviles, es necesario que creamos que es posible abandonar sí con miedo, pero sin culpa.

La culpa se hace presente cuando nos sentimos solas, alejadas, insatisfechas, no amadas. En ese preciso momento el espejo que somos se fragmenta un poco más. Entonces hay dudas, incertidumbre, flaqueamos cuando estamos a mitad del camino. Miramos hacia el otro lado que está en penumbras, un lado irreconocible, que no tiene nombre, del que nadie nos habló, del que nadie sabe nada porque desaparecieron los rastros de quienes lo habían transitado, en la oscuridad no puede mirarse el sendero que hay que seguir, miramos al otro lado que aparece más como un sueño que posible.

 

No basta con abrirse.

Debes hundir los dedos

en el ombligo, con las dos manos

bien abiertas,

desparramar lagartos e iguanas cornudas,

las orquídeas y girasoles,

volver al laberinto del revés.

Agitarlo

Gloria Anzaldúa

 

Ilustración de Hülya Özdemir

 

Se trata de permanecer a mitad de camino, de regresar o de huir. Me miro ¿cuánto tiempo he permanecido a mitad de camino? No voy a regresar, pero aquí, sin claridad, soy invadida por el miedo. Cierro los ojos  dejo que mi cuerpa sienta   que escuche    palpe    huela. Es lento pero fluyo poco a poco. La boca de la serpiente ha quedado atrás sólo si volteo puedo mirarla, aún percibo su aliento, la ignoro. Avanzo muy lentamente, soy una tortuga, la percepción comienza a cambiar, aún estoy en la lucha, no logro recuperarme, ni dejar del todo la culpa, cada paso que doy es una fuga, una expansión, un alejamiento, un abandono, parte de un proceso de transformación.

Llevo las herramientas que me auxilian en esta oscuridad: mi libreta con frases que repito una y otra vez hasta recobrar la calma. También llevo palabras que me recuerdan el sentido de este viaje. He tenido que convencerme a mí misma de que el viaje tiene sentido, repetirlo una y otra vez, una y otra vez y otra vez. En algún momento dejas de cerrar los ojos y sabes hacia dónde has caminado todo este tiempo, lo que en algún momento fue una lucha por la propia sobrevivencia, cobra otro sentido, el amarnos, el construirnos otras desde otras nociones de amor.

A mitad del camino con los grilletes de la opresión pesando sobre nosotras, el amor nos parecía imposible. Ahora, es el único punto de luz a la distancia, comenzamos a habitar los silencios y los vacíos, dejamos de temerlos, no tenemos otro remedio que habitarlos.   Nunca más incompletas   nunca más despojadas. El amor muta, nos hace, nace de nuestro interior. se ha formado una consciencia crítica nos invade una certeza de que el amor sólo puede ser libre, no puede ser ni egoísta    ni ejercer el control     ni llenarse de miedo.

La claridad sólo llega con la comunicación que entablamos con nosotras mismas, al hacernos preguntas y ser honestas no pueden paralizarse en los discursos ni en las promesas que se vuelven jugueteos emocionales cuando no asumimos la responsabilidad de ser honestas ni de vincularnos. Comienzo a recuperar todos mis fragmentos, tomo las riendas, me quedo sola pero habito mis vacíos.

¿Por qué necesitamos justificar y explicar el amor que sentimos por nosotras mismas? No más, no necesitamos convencernos de que merecemos amarnos. Nada hay que cambiar en nuestras cuerpas, no nos tendremos miedo ni desprecio. El camino hacia el otro lado puede ser tan largo oscuro y vetusto, pero contar con términos que nos orienten y aclaren evitará que nos extraviemos.

 

¿Dónde va el dolor cuando se marcha?

Audre Lorde

 

Mientras cruzo el camino escucho “somos lo que damos no lo que recibimos” la frase carece de sentido y hasta me molesta. Todas las relaciones tienen un sentido profundamente político, pero también uno espiritual. Sólo en los instantes en que logro tocar el punto luminoso del camino logro entenderla o darle otra lectura. Darse convidarse   entonces recuerdo no nos entregamos a nadie, no cedemos nada, no nos perdemos. Mantenemos encuentros que siempre suman, porque hasta las ruinas son un regalo.

La grieta que se abrió en el camino y que me tejió     la grieta que no me dejó caer    la grieta que no me desapareció   la grieta que me llenó de calma en todos los momentos de ansiedad     la grieta por la que una vez me miré en fragmentos     en ruinas       esa grieta   ese término originario     el amor.   Sumergida hasta la más profunda oscuridad del sistema de opresiones capitalista, patriarcal, colonial, heterosexual, racista, clasista, sexista, misógino, androcéntrico, gordofóbico, lesbofóbico     domesticada bajo un pensamiento erróneo -no arbitrario- sobre el amor   una vez creyente de su biologicidad de su naturalidad   de su psicología   de su vaguedad        otra vez recalcitrante de su construcción social   de su carácter político  de su desnaturalización de su tendenciosa confusión     llega a mi otra noción que logra cobijarme. bell hooks[3] orientó mi camino, amar como elección,   la voluntad de extender nuestro yo con el propósito de alimentar el crecimiento espiritual propio y el de otra persona… El amor es lo que el amor hace. El amor es un acto de la voluntad –es decir, a la vez una intención y una acción- la voluntad también implica elegir. No estamos obligados a amar. Elegimos amar.[4]

Empiezo a recuperar mis fragmentos, esas piezas perdidas de mí que los elementos que en conjunto hacen al amor irán tejiendo: cuidado, afecto, reconocimiento, respeto, compromiso y confianza, comunicación abierta y honesta. Ninguno estará ausente en mi vida ¿Por qué cobijarme en una noción de amor tan exigente cuándo yo misma no me he amado?  ¿Acaso es otro autosabotaje el verme rebasada y desistir en el intento?   Me recuerdo:  elegí la consciencia     elegí amarme     elegí no perderme    elegí no abandonarme     ser responsable de mi misma     ser paciente     ser amable     no esperar que nadie me ame.

Muchas relaciones se deterioraron fácilmente ¿Por qué cuando optamos por la vida, por cuidarnos, por disfrutar, por crear, por reconocernos, por extendernos al mundo, por retomar nuestros sueños y nuestros proyectos, por respetarnos, por confiar en nosotras nuestras relaciones sexo afectivas se tornar violentas, dolorosas, tormentosas? Optar por una misma     optar por amarme      en un sistema en el que las mujeres no deberíamos transitar por este camino      deviene en peligro.

 

Llegué a la teoría porque estaba sufriendo; el dolor dentro de mí era tan intenso que no podía seguir viviendo. Vine a la teoría desesperada, con ganas de comprender, de captar lo que sucedía a mí alrededor. Y lo más importante: quería que el dolor desapareciera. Vi en la teoría un lugar para la curación.

bell hooks

 

La colonización no sólo es simbólica    atraviesa la cuerpa     sentimos dolor  provoca pesadillas    insomnio    llanto   deformaciones    memoria    sangrado    silencios    miedo.    Obligadas a escuchar   obligadas a guardar silencio   obligadas a no crear.   No es que no hayamos hablado, sino que nuestras voces… han sido silenciadas sistemáticamente (Grada Kilomba). Todas las piezas perdidas de mi misma llegan volando. Estoy completa      voy liberando a la Coatlicue        me cuido   me doy afecto   me reconozco    me respeto   me comprometo conmigo confío en mí me comunico abierta y honestamente conmigo     no traiciono a nadie en este viaje. Nunca más amores que paralicen nuestros corazones, nunca más volver a perdernos, nunca más relaciones tormentosas, nunca más un amor sin consciencia.

Ilustración de Hülya Özdemir

[1] “Coatlicue da a luz a todo y a todo devora. Ella es el monstruo que se tragó a todos los seres vivientes y los astros, es el monstruo que se traga al sol cada tarde y le da luz cada mañana. Coatlicue es una ruptura de nuestro mundo cotidiano. Como la tierra, se abre y nos traga, sumergiéndonos en el inframundo donde reside el alma, permitiéndonos habitar en la oscuridad. Coatlicue es una de las imágenes poderosas, o “arquetipos”, que habita mi psique o discurre por ella. Para mí, la Coatlicue es el incontenible torbellino interior, el símbolo de los aspectos subterráneos de la psique. Coatlicue es la montaña, la Madre Tierra que concibió a todos los seres celestiales en su cavernoso útero. Diosa del nacimiento y de la muerte, Coatlicue da la vida y la quita, es la encarnación de los procesos cósmicos. (…) Cuando el dolor, el sufrimiento y la llegada de la muerte se hacen intolerables, está Tlazolteotl rondando por las encrucijadas de la vida para atraer a las personas y apartarlas del lugar al que se dirigían y así nos mantiene embrujadas, alejadas de nuestro sino, con el alma en suspenso. No vivimos a la altura de nuestras potencialidades y, por lo tanto, nuestra alma no puede evolucionar o, lo que es peor, Coatlicue, la Tierra, se abre y nos sumerge en sus fauces y nos devora”.  Anzaldúa, Gloria E. (1987) The Borderlands/La frontera. Capitan Swing. p. 96 y 97.

[2] Rivera Garza, Cristina. (2011) Dolerse. Texto desde un país herido. Sur+ ediciones. p. 16.

[3] hooks, bell. Claridad: Dar palabras al amor.

[4] Scott Peck, M. citado por bell hooks

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