[Opinión]¿Por qué me siento tan obligada a escribir?

Por Ana Paola Guzmán

 

Porque la escritura me salva de esta complacencia que temo. Porque no tengo otra alternativa. Porque tengo que mantener vivo el espíritu de rebeldía. Porque el mundo que creo en la escritura me compensa por lo que el mundo real no me da: la fe de la rehabilitación entrañable y la rehabilitación mediática que puedan componer mis palabras y no sólo las mías, también las palabras de mis hermanas, quienes sin voz nos repartimos las injusticias de esta vida que nos tocó.

Escribo porque así le doy mutismo a mis miedos, esos que como un millón de ecos repiten en mi cabeza lo que alguna vez me dijeron en voz alta, con un tono nítido, sin pizca de sarcasmo ni esperanza y al mismo tiempo tan respectivo e inhumano: “no eres más que una mujer, sólo eso”. Escribo porque las letras me dicen lo contrario, que soy una mujer y más que eso un pensamiento inquebrantable, invulnerable e indudablemente digno.

Escribo para y por mis ancestras. Por lo que mi madre se calló desde niña, por lo que mi abuela se martirizó sin sentido, por la voz fuerte de mi bisabuela, por las luchas y valentía de mis tatarabuelas, por todo el linaje.

Escribo porque así se me aquieta el alma, porque así me inundo de energía. Porque es mi derecho; lo que no me pidieron que hiciera y yo hice por impulso y de manera nata cuando descubrí la utilidad de la pluma y el papel.

Y es triste y a la vez desafiante, pensar que escribo porque no hay mejor calmante que el derramar las lágrimas del dolor y secarlas en las palabras, letra a letra escrita por mí.  Estoy obligada, más no condenada, a seguir escribiendo porque nadie me dijo cómo, yo engendré mis reglas y mis instrucciones, esa fue la manera de desafiar la corriente que se lleva consigo la voluntad de quienes no supieron cómo inspirarse a sí mismos.

Porque desde hace mucho me pregunto si existe un Dios, si el Dios que me mira nos privilegió con algún don. Porque no le creo a la sociedad cuando me dicen que nosotras nacimos con el don de servir. Y es que entre el servir y escribir, preferible que me condenen el alma por armar una revolución de palabras: yo elijo escribir.

Porque así enfrasco lo que mi corazón ha derramado en la tinta de la delgada pluma; porque como todos, yo no olvido y no quiero, ni pretendo olvidar.

Porque no existe manera más detallada, pura y fidedigna de escribir la realidad que desde el alma. Porque no existe mejor plano para armar un sueño que esto y así, lo sigo consiguiendo, construyendo, sumándole y restándole. Borrándole y agregándole. Reescribiéndome.

Y si hay una mejor forma para desahogarse, si existe un método más fácil para la conversión individual. O si acaso inventaron la censura perfecta patriarcal, que nadie me avise.

Seguiré honrando la vida con el don de las palabras y con el don de ser mujer.

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