[Opinión] Antes de que nos coma la voracidad del fuego, yo elijo la verdad y la memoria

Por Patricia Hernandez*

Y de repente en las tierras ensoñadas por árboles de primavera y verano, llegan ciertos eventos, actividades, con la esperanza de replicar algo existente en la ciudad monstrua, algo así como una ventana al colonialismo (algo que pasaría en algún momento, claro).

 

¿Cómo sucedió? Pues bien, por razones que siempre se anteponen, pero la más importante fue cuando a muchas personas “la liberación” se les transformó en la grandiosa idea de relacionar “alcohol, drogas y lucha social (lucha feminista)”.

 

No es que por la vida me vaya oponiendo a estas ideas, pero los referentes más cercanos han sido para mí desastrosos, con violencia sexual de fondo y son realmente tragos amargos. No quiero apresurarme a declarar los falsos negativos finales, pero hay mucho qué desear cuando hay trasfondos no tan favorables. 


Quizá y muy en el fondo me gustaría decir “esto puede ser diferente” más no quiero engañarme. Yo me invito a verlo desde una postura bien crítica, yo te invito sí tú quieres a posicionarnos críticamente, éticamente, desde donde estamos y a dónde nos dirigimos. Esto no porque nos falte una postura, si no que de momentos se pierde por la única propuesta que es “la fiesta”.

 

Imagen: Laura Callaghan


Vuelvo a reiterar que lo pongo sobre la mesa con el único motivo de mirarlo bien cerquita para enfatizar la falta de críticas claras a procesos y acciones que se han desarrollado en torno a eventos, que más allá de tibios se han encubierto con más y más actividades, con la “falsa esperanza” de que se olvide, que pase. 


Pero yo no olvido las agresiones en el bar feminista Punto Gozadera, la falta de ética en espacios donde el festejo ha sido el motor principal y las agresiones muy presentes (Aniversario de Luchadoras). No olvidemos algunas agresiones en coyunturas de fiestas donde participan personas que encubren actos de violencia (Caso Julieta paredes). Y qué decir de muchos quiebres de algunas luchas feministas a raíz de esa misma relación fiesta-alcohol, violencia etcétera. Y faltan los muchos otros donde el alcohol es sólo uno de los factores que va bien aparejado a una cuestión lucrativa. 


Enfatizo, no se trata de cuestionar por cuestionar, si no de mirarnos de trabajarnos la misoginia bien oculta que puede resultar en muchas cosas “negativas e irreversibles”. Créanme la lista no acaba y no acabará.


Yo sólo quiero invitar a la reflexión, que si jugamos con fuego podemos quemarnos, aguas Xalapa.


*Alguna soñadora lésbica.

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