[Opinión] Un machito menos

 

Por Sheila Cifuentes

Ahora que murió Marcelino Perelló, muchas nos alegramos por su muerte pero otras tantas no. Un comentario que leí muchas veces era:

«¿Alegrarnos por su muerte? eso nos hace igual a ellos»
Y yo sólo podía pensar ¿igual a ellos? ¿eso nos hace agresores sexuales, violadores y acosadores?

No estoy tan segura.

Creer que el que nos haya alegrado la muerte de un macho de izquierda, probablemente violador, y de lo más nefasto, no nos hace “igual a ellos”.


Las que a diario vemos y escuchamos sobre feminicidios, sobre lesbofobia, sobre violaciones, sobre acoso callejero, las que día con día sentimos rabia, furia por lo que pasa, las que pensamos que no es posible que nos sigan asesinando, que nos sigan acosando, las que no tenemos certeza de si vamos a volver o si nuestra mamá, primas, hermana también lo harán.


Sí, esas que estamos hartas de lo que pasa. Las que tomamos toda esa rabia para seguir en lucha, para seguir creando redes entre mujeres, para seguir existiendo sin morir de depresión o miedo. 


Esas, esas somos las que nos alegramos por cada hombre, violador, acosador y agresor muerto.


Nos alegramos porque sabemos con certeza que uno menos significa no sufrimiento para muchas mujeres. Significa que aunque sea sólo uno de entre muchos, es un pedacito de esperanza de que toda esta basura acabará algún día. De que ellos se mueren y nosotras seguimos aquí, vivas, luchando por las que tipos como Perelló hacen menos cada día, por las que somos acosadas, por las que han vivido violencia sexual, por las que ya no pudieron seguir luchando, por las que les fueron arrancados sus sueños, su vida misma.

 

No, no me duele ni poquito su muerte y sí, sí me alegra porque no fue sólo «un ser humano», fue un machito de izquierda nefasto y misógino que no merecía existir y que vivió toda su vida con los privilegios que cualquier machito progre de izquierda tiene.

 

Reitero, alegrarnos de la muerte de un hombre, acosador, violador y agresor, no nos hace igual a ellos.
Y me parece que tachar de «intolerantes» a las que nos alegramos, es estar en una posición de empatía con ellOs y no con todas nosotras. De seguir priorizando a los vatos en lugar de a las mujeres, incluso de una misma.

Tenemos derecho a la rabia, tenemos derecho al enojo y también tenemos derecho a la alegría.

Y en esta ocasión, es la alegría de saber muerto a un macho nefasto.

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