[Opinión] La sororidad es amiga de la heterosexualidad

Imagen de: Mar-de-ideas

 

Por Selenchita

¿Saben? Últimamente he leído que se repite, y se repite la palabra sororidad entre los estados de feis de compañeras, en tanto a lo que he leído he empezado a concluir que para el feminismo liberal la sororidad es una especie de amor romántico entre amigas para perpetuar el sistema heterosexual. No, no estoy diciendo que la sororidad no sirve, o que no es feminista, o que está mal. Estoy diciendo que hay que analizar los términos y cómo los usamos, para saber si es verdad que desmantelan algo o simplemente contribuyen a reforzar el sistema. Recordemos que el sistema toma palabras, las vacía de contenido y te las devuelve ya banalizadas o simplemente te las reemplaza por otras que carecen del mismo sentido político. Hace un día salió un texto: “Nota para la feminista que quiere que todas seamos la misma” firmado por Roja, donde explica cómo se dejó de hablar de feminismo para hablar de género, cómo se deja de hablar de ciertas palabras para colocar otras que tengan un matiz adaptable al sistema, para arrancarnos la resistencia a las mujeres.

¿Y para qué digo todo lo anterior? Hoy leí que alguien posteaba que el amor entre mujeres es la resistencia al sistema, y a esto le llamaban sororidad. Pensé nosotras y nuestras ancestras desde años atrás le llamamos lesbianismo. De pronto me doy cuenta que para hablar sobre vínculos de acompañamiento entre mujeres, lazos solidarios, vínculos afectivos que resisten al patriarcado, no se le llama lesbiandad se le dice sororidad. No es casual, no es casual que las mujeres que se relacionan con hombres hablen de sororidad. No es casual que se deje de hablar del lesbianismo como una opción de resistencia, menos casual que ni siquiera lo tomen como una opción para ellas. Y es que la lesbiandad es todavía una resistencia real al sistema, hoy en día sigue siendo una de nuestras herramientas más fuertes para terminar con este sistema de opresión. No es casual que las mujeres que centran sus lazos afectivos con los hombres, o que se identifican con lo masculino, sólo consideren las relaciones entre mujeres como una cuestión de hermandad y compañerismo, pues en este sentido las relaciones entre mujeres siempre serán vistas siempre como cuestión secundaria. Ya sé que muchas me dirán que no es así, que ellas nunca pondrían primero a su amante, novio, lo que sea por encima de la hermana, la amiga, la compañera. Lo sé, eso es lo que intentan cuando hablan de sororidad, pero en el hecho han centrado lo masculino por encima de lo femenino. Han decido entregar su energía emocional, su fuerza de trabajo, su capacidad creadora a los hombres.

No menosprecio las redes de sanación entre mujeres, no va por ahí. No menosprecio los grupos amorosos de mujeres. Cuestiono que reemplacemos la lesbiandad por la sororidad. Que pensemos que los lazos afectivos entre mujeres son una cuestión sororaria y ya. Porque esto nos resta resistencia. Es que la sororidad no cuestiona la heterosexualidad, sólo habla del amor entre mujeres, la lesbiandad cuestiona la heterosexualidad, nos dice que tengamos cuidado, que la heterosexualidad garantiza el acceso masculino a nuestra fuerza de trabajo. Nos dice, cuidado, cuidado, que el sistema patriarcal que trata de que no nos amamemos entre mujeres, no sólo quiere que no nos amamemos porque nos enemista y ya, quiere que no nos amamemos para que no dejemos de hacer alianzas con los hombres, para seguir manteniendo el sustento de este sistema. Pienso que las alianzas afectivas entre mujeres sólo son resistencia cuando no llegan para el servicio de los hombres.

Hace poco cuando releía el ensayo de Rich de Heterosexualidad Obligatoria encontré una nota a la que no le había puesto atención: “Leí una carta que recibí el día en que estaba escribiendo este párrafo: «He tenido muy malas relaciones con los hombres; ahora estoy metida en una separación muy dolorosa. Estoy intentando encontrar mi fuerza entre las mujeres; sin mis amigas, no podría sobrevivir.» ¿Cuántas veces al día dicen las mujeres palabras como éstas, o las piensan o las escriben, y cuántas veces se reinstaura la sinapsis?”

Estas palabras de Rich me llegaron en un momento difícil para mí. Una amiga había decidido regresar a mantener relaciones sexoafectivas con hombres. Yo desde mi posición que aspira al separatismo lésbico le había comentado que podíamos mantener la vinculación de amistad pero que yo no iba a ser escucha de nada relacionado con su pareja. Y esto fue sinceramente brutal, para ella y para mí. Me sentía triste porque yo estaba abandonando a una amiga. Obviamente me hizo sentir poco recíproca, y poco sororaria. Ya sabemos cómo es la heterosexualidad cuando estableces un vínculo con un hombre, ya sabemos que estando ahí ella no la iba a pasar bien. Yo sabía necesitaba amigas y redes, y de alguna manera yo se lo estaba negando. Mi decisión no era por ella, o porque no la quisiera a ella. Era porque yo participo de grupos de mujeres que sólo crean alianzas con mujeres. Y parece que no es importante, pero verán, para nosotras lo es. Porque nosotras nos sanamos en grupo, porque nosotras destinamos toda nuestra energía creativa, nuestras utopías, nuestra lengua, nuestra escucha, nuestro amor, nuestro cuidado para mujeres. Y yo estaba negada a que esa energía tuviera posibilidad de servirle a un hombre. Yo no iba a ser uso de las energías de otras mujeres, porque ésta que soy, es también por ellas, la energía que traigo viene de las vinculaciones que mantengo, entre amoras nos sanamos las corazonas. Para que una escuche y apapache de manera bonita, utiliza esa energía lésbica generada en grupo, y esa energía es portentosa en todos sentidos. Esa energía yo he aprendido que debe ser cuidada, debe pensarse como sagrada. Simplemente yo no podía dejar que existiera la posibilidad de que ésta le sirviera un hombre o macho que pal caso es lo mismo. Le dije que yo estaba para ella, que si un día se sentía amenazada, si un día sentía que su vida peligraba yo iba abrirle mi casa, y no iba a dudar de su palabra. Busque la distancia necesaria.

He visto cómo mis amigas que se relacionan con hombres, han sido apagadas lentamente. Ha sido verdaderamente doloroso verlo y no poder hacer nada. No voy a hablar aquí de los feminicidios silenciosos de todas nuestras ancestras a las que se les fue la vida sirviendo a los hombres hasta que ya no fueron útiles, hasta que su fuerza de trabajo ya no les servía. Sólo quiero decirles que a mí me duele. Yo no me alegro cuando alguna amiga encuentra un nuevo novio, una nueva pareja. Yo cierro los ojos y pienso, ojalá que éste no la viole, ojalá que no la mate. Yo veo cómo sus energías se van muriendo de a poquito, poquito, cómo van dejando su vitalidad en ellos. Y pienso que cuando estén tan apachurradas, ocuparán de otras mujeres, para usar nuestras energías de sanación para que mañana entreguen su energía a otros, al siguiente, al siguiente, al siguiente. Hasta que en el mejor de los casos, de manera gradual y despacio,se han consumidas totalmente.

Quizá por eso no me canso de decirles que se vuelvan lesbianas. Es que no me gustan las vulvas, me dicen. Yo les explico que no es necesario tengan sexo con mujeres, lo que es verdaderamente necesario es que dejen de vincularse con ellos, de dejar de ser para ellos. Dicen que soy insistente, pero ante este panorama cómo no serlo. Y puedo brindar mis años de cuidado a mis compañeras, habrá que sanar los golpes, pasar el dato y acompañarlas para abortar, abrazarlas cuando estén otra vez devastadas por la última acción cruel del tipo en turno, pero me niego a romantizar esto. Me niego a pensar que este accionar es antisistémico, porque de alguna manera, si ellas no se convencen en cortar este apego a los hombres, lo único que resulta es pensar que el amor entre mujeres sirve para sanar a mujeres para que vuelvan a serles útiles a los hombres, al sistema. Esto no me parece una resistencia, no me parece un acto de rebelión entre mujeres pasarnos los años sanando lo que ellos destrozan. Creo esto le calza muy bien al patriarcado. Que mantengamos nuestras energías sanando lo que perpetuamente él destroza.

Pero saben, cada vez habremos más lesbianas, cada vez habrá una más que diga, hasta aquí, no va más sistema. Por eso voy a seguir hablando de lesbiandad. Voy a seguirles diciendo que a poco no es tan bonito estar con nosotras, que a poco no se merecen eso. Por eso todos los días le digo a mi mamá que se vuelva lesbiana. Porque tengo esperanza, porque no hay acto más amoroso que desearles a las mujeres lesbianismo en su vida.

Comments

comments