[Opinión] Construirnos desde el amor

Por Laura Arauz

 

“El llanto fue todo nuestro dolor – una herida colectiva”

Anita Valerio

“Las mujeres no estábamos destinadas a sobrevivir”

Audre Lorde

Desde hace un tiempo me he venido preguntando si es posible que como mujeres podamos construirnos desde el amor. Honestamente hasta hace unos meses no lo miraba posible porque no encontraba una noción de amor ni las experiencias necesarias a través de las cuales pudiera más que creerlo, saberlo tangible.

 

Cuando me encontré con el feminismo me sentía llena de rabia frente a un mundo al que estaba percibiendo como una guerra contra mí y contra otras mujeres, una guerra que he ido aprendiendo a nombrar y que aún percibo como tal, pero a la cual, intento no sólo sobrevivirla sino construir a pesar de ella.

 

Al enfrentarse a ataques directos, nuestros cuerpos tratan de sobrevivir y aprenden defenderse. La ira nos llena de una fuerza que nos potencia, es la herramienta que tenemos para decir NO. Pero en este contexto de guerra contra las mujeres, nuestra ira es reprimida, podemos decir NO y desde un sinfín de lugares se nos hace sentir/saber que no es correcto negarnos o que no importa lo que decidamos, el otro, siempre que quiera, hará caso omiso a nuestra negativa.

 

Somos constantemente agredidas, nuestro cuerpo sobrepasa el límite de la ira para tornarse en cólera, en rabia. El deseo de muerte que la sociedad lanza contra nosotras cobra fuerza de maneras tan sutiles, tan imperceptibles que a lo largo de nuestras vidas sobrevivimos a grandes dosis de crueldad porque terminamos acostumbrándonos a ella y aprendemos a infligirla contra nosotras mismas.

 

La rabia, ese enojo que nos sobrepasa y que aparentemente vomitamos hacia el exterior, nace de nuestras entrañas y nunca sale del todo. Fuimos construidas en la ausencia de herramientas necesarias para crearnos desde el amor, nuestra domesticación desde la heterosexualidad obligatoria nos enseñó a desconfiar de nosotras mismas, a no amarnos, a no gustarnos, en su lugar, nos armamos y nuestro poder de destrucción se potenció, tanto hacia afuera como hacia nosotras. La rabia se nos va enredando por todo el cuerpo y armarnos, es de alguna forma, una manera de mantenernos ocupadas con las herramientas del amo, impregna todos nuestros pensamientos y nuestras visiones de futuro.

 

Muchas mujeres llegaron al feminismo por la violencia que las ha atravesado al relacionarse con hombres, sean sus padres, hermanos, primos, amigos, parejas, hijos y poco a poco van haciendo consciencia de su posición como clase sexual en este mundo heterocapitalista, patriarcal y colonial.

 

Armarnos ha significado sobrevivir desde la defensiva y defendernos se convierte en la alternativa más tangible para nuestra sobrevivencia. Llegamos a creer que con esa precaución será suficiente porque nos permite experimentarnos desde ese poder de decisión y destrucción del que fuimos negadas, pero la rabia es una fuerza incapaz de crear futuro. Desde la rabia desconfiamos, estamos a la defensiva, tiramos el primer golpe, deseamos destruir todo a nuestro paso porque miramos todo desde el dolor, nuestro pasado y nuestro presente y la imposibilidad de un futuro desde nosotras y para nosotras.

 

Nos acostumbramos a pensarnos desde la posición de víctimas, en el discurso de la víctima cedemos el control sobre nosotras mismas, sentimos rabia de que el mundo se encuentre tan jodido y al mismo tiempo cierto determinismo envuelve nuestro pensamiento originario. Desde la posición de la víctima, es difícil mirar las posibilidades de creación desde el amor. Si las mujeres fuimos mutiladas de la capacidad de imaginar, es decir, de pensarnos en el mundo desde el deseo y el poder de crear, es “lógico” que continuamente vayamos cediendo sobre cada ámbito de nuestras vidas el poder de la elección y de la decisión a otros. Sabemos muy bien todo aquello que no deseamos, todo lo que no queremos en nuestras vidas, sin embargo, es necesario rascar en nosotras y recordar cómo se siente el amor, el placer o como Audre Lorde lo nombra lo erótico, sólo así nos construiremos la certeza de la vida que realmente queremos vivir. Nadie nos dará nada, somos nosotras mismas quienes nos crearemos esa certeza que nos hará resurgir nuevamente.

 

Mientras carezcamos de herramientas para desarrollar nuestra conciencia creadora a través de las cuales nos creemos otras ya no desde la rabia, sino desde el derecho a la ira y desde el amor, seguiremos eligiendo relaciones tormentosas y las experimentaremos tantas veces posibles porque nuestro miedo de ser y de crear seguirá deteniéndonos.

 

Tememos a la incertidumbre, a experimentarnos y sabernos sin respuestas ni guías, sabemos que todo está por construirse, y seguimos eligiendo silenciarnos y vivirnos en el autoexilio creyendo que lo que realmente deseamos y necesitamos no es posible, nos permitimos no creer en nosotras mismas porque cuando hemos levantado nuestras voces la violencia se ha intensificado contra nosotras. Muchas veces, cuando me he elegido a mí por sobre otras personas, soy sometida a los silencios, a la lejanía, al reclamo y a la venganza como castigos, como si no debiera elegirme a mí misma, como si debiera darme sin restricciones a los otros.

 

No tenemos que crearnos desde la nada, sólo se trata de recordar, estamos completas, nada nos falta, nuestro cuerpo sabe perfectamente lo que le beneficia, sólo necesitamos detenernos un momento para escucharnos y sentirnos, para creer en nosotras mismas. Las nociones de amor que aprendimos nos lastiman, por eso tomaremos como única guía sólo nuestro cuerpo, con la potencia política del poder decir “me hace sentir bien” (Audre Lorde).

 

Estoy convencida de que luego de atravesar por el dolor y los tantos miedos que me habitan es posible construirme desde el amor abandonando la percepción de la víctima. Saberlo posible es un acto de amor para conmigo misma, pero también, es adquirir un poder propio al elegir la vida. Elegir construirme desde el amor es un acto político, es asumir la responsabilidad de mí misma, es decir, hacerme cargo de mi capacidad para responder.

 

Construirnos desde el amor nos implica mirarnos, sentirnos, recordarnos, centrar nuestras energías en nosotras mismas sabiéndonos acompañadas por otras mujeres, extendiendo nuestros actos de amor entre nosotras.

 

Aprendemos a mirar cada acto compartido entre nosotras como amoroso con la amiga que nos comparte sus guisos, la que nos lee poesía o cuentos, la que nos comparte su vida abiertamente, la que baila con nosotras, la que nos abre las puertas de su casa para reunirnos, la que nos comparte sus saberes, la que nos habla sobre su dolor y sus miedos, la que nos comparte sus lágrimas, sus vivencias; la que nos escribe para preguntar cómo estamos, la que nos abraza, la que nos hace reír, la que nos mira a los ojos y nos hace sentir cercanas, la que nos hace regalos que no esperábamos porque no estamos acostumbradas a recibir, sólo a dar; la que nos llama por teléfono sin ningún motivo, la que escribe y la leemos porque nos reflejamos en ella, la que comparte su música, la que aún tiene esa posibilidad de construir memoria a través de su madre, de su abuela, de sus tías y nos platica; la que nos recibe en su casa en cualquier momento, la que corre con nosotras, la que te prepara un té o un café o un chocolate caliente, la que te escucha y la que te lee, la que te dice palabras bonitas, la que te acompaña en tu enojo, en tu dolor, en tu alegría; incluso la que da like a tus publicaciones y te mira a la distancia, la que sale de viaje contigo, la que te toma de la mano, la que te comparte sus recetas para el dolor de garganta, de estómago; la que sale contigo a todas partes, la que te visita cuando estás enferma, la que te habla claramente para que detengas todos esos pensamientos autodestructivos y resurjas nuevamente, la que cocina contigo, y todos aquéllos actos amorosos que no alcanzo a escribir aquí.

 

Por ahora, me construyo desde el amor al cuidarme, al definirme a mí misma, al elegir la vida y la alegría, al autorreferenciarme, al saberme para mí, al no juzgarme ni ser mi propio policía interno, al confiar en mí, al creer en mis sueños, al recordarme desde lo que disfruto, al escucharme, al respetar mi palabra y mi cuerpo, al hablarme paciente y amablemente, al mirarme y entenderme, cuando me escribo mensajitos para mí misma y me los voy dejando para luego encontrarlos sorpresivamente, al sentirme completa, al mirar cada acto como amoroso, cuando no me rechazo, cuando me ocupo de mí misma, al ser responsable de mí, al ser congruente sólo para conmigo, cuando me voy creando una claridad sobre lo que sí quiero, sobre la vida que quiero vivir, los pensamientos que quiero que me habiten y las emociones que quiero sentir, al elegir a las personas de las que me rodeo y la forma como nos cuidaremos, nos hablaremos, nos escribiremos, al ser consciente de que nada es obligatorio y que las expectativas, empezando por nosotras mismas, nos dañan; al amarme incondicionalmente. Construirnos desde el amor es quizá el acto político más benéfico y tangible para conmigo misma y mis compañeras que conozco.

 

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