A propósito de Bohemian Rhapsody

Por Maricruz Bárcenas

 

El patriarcado se sostiene del trabajo no remunerado de las mujeres, ya lo hemos dicho hasta el cansancio. Ese trabajo se presenta en forma de cuidados afectivos y físicos, en trabajo reproductivo -todas aquellas actividades que en una relación entre no familiares, en no concubinato o entre hombres serían cobradas. La heterosexualidad es un régimen político que reglamenta y articula toda la vida social, la ciudadanía tiene sus principios fundamentales en ese régimen. Pero para que la heterosexualidad se haya sostenido a través del tiempo ha sido necesaria la heterosexualidad obligatoria que es obligatoria para todas las mujeres, no para los hombres pues ellos siendo homosexuales aún gozan de los beneficios que deja el trabajo de las mujeres porque a todo ese trabajo le llamamos amor.

Los hombres no aman a las mujeres, los hombres se aman entre sí (Karina Vergara-Sánchez, 2017). Ese amor entre hombres -que no necesariamente pasa por el relacionamiento sexual- es a lo que yo llamo homofilia. La homofilia es estructural a las sociedades patriarcales, no sólo es suficiente el amor de mujeres hacia hombres, es indispensable también el amor de hombres a otros hombres para que el patriarcado siga existiendo.

No existe hombre en el mundo que desee ni amorosa ni sexualmente una mujer como lo puede llegar a hacer una mujer por otra (Menstruadora, 2017). Los hombres no desean lo que su afecto con una o varias mujeres pueda crear, desean lo que las mujeres son capaces de hacer por ellos y desean la dependencia e indefensión que pueden generar en ellas; los hombres no desean la compartición física en los encuentros sexuales con las mujeres, no quieren despojarse de sí mismos y acompañar rítmicamente el desarme de su propia corporalidad, los hombres desean la posesión, ellos desean adjudicarse la propiedad de las mujeres a través del coito, quieren la desvinculación del cuerpo sometido con el alma arrebatada de la mujer que tocan, su extinción.

Pero existen también otros hombres que han superado la etapa homofílica y se reconocen seriamente como homosexuales, después de algunas pocas décadas de señalamiento, la sociedad ha comenzado a entender que los gays son adorables y magnánimos. Se han realizado tantos cursos y talleres, se han dictado seminarios y producido películas explicando su grandeza que ahora les llaman nuevas masculinidades, hasta tienen la osadía de inventarse un transfeminismo que dice que sí nos representa a todOs. Las mujeres ya no sólo despojadas de nuestro cuerpo y alma, también presenciamos hoy cómo se nos arrebata el raciocinio; nuestra mente está puesta en justificar porqué ellos necesitaban de más libertad para entregarse entre sí, porqué ellos necesitaban de nuestros cuartos propios para poder ser ellos mismos en todo su esplendor y porqué ellos son más mujeres que nosotras mismas porque ellos sí saben ser mujeres.

[Spoiler]

Freddie Mercury es la digna representación del patriarcado. Él fue todo lo que un hombre puede y debe ser. Él es la cara no visible del mercado gay que llamaron movimiento LGBT+, él es la nueva masculinidad responsable que nos dictaron hace dos décadas en las universidades, él es el ícono precursor de lo cuir -no se engañen, Butler es una mujer en una sociedad patriarcal-, él es el futuro del transfemenismo, él sigue siendo la inversión médica a infecciones y enfermedades de los hombres.

*Una nota para las mujeres que se relacionan sexualmente con hombres: jamás tengan sexo sin protección. Incluso los hombres más “masculinos” tienen encuentros sexuales con otros hombres, con sus compañeros de trabajo, con sus amigos de toda la vida, a veces con sus propios hermanos. Una ex lencha LGBT+ se los dice, ellos sólo pueden amarse a sí mismos.
Alesbiánense.

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